Como reducir la pobreza con la Economía Circular.

Para 2025, se espera que los 567 millones de habitantes urbanos de Latinoamérica arrojen 671.000 toneladas de basura al día, un incremento de 25%.

La basura y la oportunidad millonaria en América Latina.

Gentileza estrategiaynegocio.net

Argentina tomó la delantera en América:a finales del año pasado, el saliente presidente Mauricio Macri emitió un decreto para facilitar las importaciones de desechos plásticos que alimentarán un naciente centro de reciclaje. Era un plan atrevido: Argentina, al igual que la mayoría de sus vecinos, tiene un pésimo historial en el manejo de sus desechos. Los grupos ecologistas han denunciado que Argentina se convertirá en el próximo China, un país inundado con plástico de baja calidad que simplemente terminaría en un incinerador. Ahora que los votantes han sacado a Macri del cargo por no haber logrado revivir la economía, se espera que el entrante presidente Alberto Fernández revoque el decreto.

El falso inicio de Argentina es una advertencia para los tecnócratas voluntariosos que quieren aprovechar la innovación sin un pacto o una salvaguarda política. “El decreto era un ejemplo prometedor de lo que podría ser una política de gestión sostenible”, asegura el exsecretario argentino de innovación y sostenibilidad Prem Zalzman. “Pero primero necesitamos establecer un consenso social a la vez que garantizamos que hay un buen monitoreo y una buena aplicación en práctica para evitar la importación de materiales peligrosos”.

La Economía Circular permite reducir el impacto ambiental generando nuevos nichos de negocios y empleo sostenible.

Los latinoamericanos descuidan el reciclaje bajo su propio riesgo. La región tiene una tasa de recolección promedio de un loable 94% para la basura doméstica e industrial. Sin embargo, un tercio del recorrido termina en vertederos abiertos, lo que expone a 170 millones de personas a la contaminación, las plagas y las enfermedades. Solo alrededor de 10% de los desechos recolectados en toda la región se recicla, y gran parte del resto se convierte en humo. “Por cada cuatro toneladas de desechos tóxicos que se quema, se obtiene una tonelada de cenizas tóxicas”, asegura Melissa MacEwen, quien dirige el departamento de energía, medio ambiente y recursos en Chatham House.

El camino es una combinación de gobierno más inteligente, educación ambiental y asociaciones con el sector privado. Una serie de iniciativas están en marcha. En Guayaquil, Ecuador, los usuarios de transporte público pueden depositar sus botellas de plástico usadas en una máquina expendedora por aproximadamente dos centavos cada una, canjeables por tiquetes de autobús. Desde la década de 1980, Curitiba, una de las ciudades más verdes de Brasil, ha intercambiado alimentos por basura para mantener limpias las calles. Una ciudad argentina incluso ha experimentado con incentivos conductuales (charlas motivadoras y mensajes inspiradores) para alentar a los residentes a clasificar la basura doméstica para reciclarla.

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